EL SECRETO DE LA LUZ
de Joan Barniol


“El SECRETO DE LA LUZ”®
El legado de los druidas íberos y la Llamada de nuestros Árboles Maestros.
Copyright © Febrero 2011

©Joan Barniol
(Reservados todos los derechos)


Fotografías: Joan Barniol
Ilustraciones : David Barniol

Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, sin autorización escrita del titular del copyright.

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175 páginas

Índice de contenidos

AGRADECIMIENTOS 6

PRÓLOGO: UNA HISTORIA HERMOSA 7

INTRODUCCIÓN 14

CAPÍTULO 1. LA FORMACIÓN 17
    GRUPO DE CONTACTO EXTRATERRESTRE 17
    MI PRIMER ENCUENTROS CON UN CHAMÁN 20
    COMO CHOCAR CON UN COCHE PATRULLA Y QUE NO TE HAGAN SOPLAR...... 24

CAPÍTULO 2: MI PRIMER VIAJE A PERÚ. 27
    LA DIETA DE VEGETALES EN PLENA SELVA AMAZÓNICA 27
    RUINAS INCAS DEL VALLE SAGRADO Y MACHU-PICHU. 35

CAPÍTULO 3.- EL CHAMÁN. 47
   LA VUELTA AL HOGAR...... 47
   EL VIAJE A EGIPTO 51
   LOS TEMPLARIOS, ENCUENTRO CON LOS MAYAS, EL INIPI 56
   EL TAMBOR 61

CAPÍTULO 4. LA FUNDACIÓN 64
    CREACIÓN DE LA FUNDACIÓN 64
    LEALTAD AL ANHELO DEL ALMA 67
    FINANCIACIÓN DE LA FUNDACIÓN. 69
    LA LEY DEL CORAZÓN VALIENTE 72
    PRIMER PROYECTO DE LA FUNDACIÓN ICAROS 74
    LA HONESTIDAD HACIA UNO MISMO ES LO MÁS IMPORTANTE 74
    LA SELVA AMAZÓNICA NOS REUNIÓ. 77
    NO RESISTAS NUNCA EL MAL 79
    RESPETAR EL TEMPLO INTERIOR DE LOS DEMÁS 80

CAPÍTULO 5. EL DRUIDA. 83
     EMPIEZA OTRA ETAPA 83
    NUESTROS PALOS MAYORES 85
    LOS DRUIDAS ÍBEROS 97
    EL SECRETO DE LA LUZ 105

CAPÍTULO 6. ¿CUAL ES TU ELECCIÓN? 117
    HABLANDO ALTO Y CLARO 117
    LA PASTILLA ROJA 117
    LA PASTILLA VERDE 119
    TRADICIÓN DRUIDAS ÍBEROS 120
    LA ESPADA RESONANTE DEL BARDO 121

CAPÍTULO 7.- LA FAMILIA DEL SOL 124
    SEGUNDO NACIMIENTO 124
    EL SEXTO SOL 128

EPÍLOGO 132

ANEXO 1. TRADICIONES VIVAS ….. 138
   TRADICIÓN CRISTIANA. 138
   TRADICIÓN SIUX 141
   TRADICIÓN VEDAS RUSOS. ANASTASIA. 142
   TRADICIÓN HOPI 144
   TRADICIÓN MAYA. 147
   ORACIÓN DE UN INDIO AMERICANO 148

ANEXO 2. PARA LOS VALIENTES …. 150
    DE “EL VUELO DE LA SERPIENTE EMPLUMADA” DE ARMANDO COSANI”. 150





Dedicado a los valientes de corazón, para que puedan hacerse ojos para ver y oídos para oír




















Agradecimientos

Agradezco especialmente a mi mujer Elena, la paciencia infinita y el amor que ha tenido conmigo y con mis viajes ... Gracias a mis hijos Robert y David por compartir sus vidas, sus penas y alegrías conmigo. Gracias a mis padres por darme la oportunidad de venir al mundo y apoyarme siempre. Gracias a la Gnosis, a Josep, Mª Angels, Joan, Nuria, Angel , Mary, Cristobal y Begoña por sus enseñanzas. Gracias a Ignasi Puig y Daniel Lumera por su trabajo y entrega. Gracias a Jordi Miralles por animarme a escribir el libro y por sus consejos. Gracias a Joaquin, Ramón, Josep, Esperança, Lluis, Juanmi, Beatriz, Maria, Carmen, Estrella y a todos los que han creído en la fundación Icaros. Gracias a Bruno y Ana por su ayuda y su presencia. Gracias a las personas que han asistido a nuestros talleres y seminarios de árboles. Gracias a los elementales de nuestros árboles, a los genios de la selva y al Sol por su luz.


Prólogo: Una historia hermosa


Aquel día lluvioso que me topé con el manuscrito de El Secreto de la Luz, El legado de los druidas íberos, mi vida dejó de ser apacible. Lo leí varias veces, con tranquilidad. No había prisa. Era un manuscrito actual y sin embargo contenía información atesorada en milenios.


Por mi modesta experiencia me parecía que no era una historia escrita para estar en las listas de libros más vendidos. Pero en sus letras se acumulaba el testimonio de treinta años de una persona buscando algo que en este país había sido algo corriente hacía milenios.


¿Quiénes eran los druidas ibéricos? ¿Porqué su mensaje había quedado olvidado? ¿Porqué aparecía en estos momentos? ¿Druidas, pensé?, y rápidamente me vino a la memoria Panoramix, el viejete barbudo de la pócima de Asterix y Obelix, pero hasta donde sabía todo me sonaba a los celtas. Pero, este libro hablaba de los druidas íberos. ¿Los íberos?


La historia oficial de los íberos no era muy convincente de acuerdo con la información del manuscrito. Y sin embargo, los nacidos en la península ibérica somos descendientes de los íberos. Si fueron un pueblo que sucumbió al glorioso imperio romano, ¿qué nos legó?. Su idioma, sus leyes, su arquitectura, se ha recopilado a partir de los hallazgos de unos pocos poblados arqueológicos. Nada se decía que entre los íberos hubiera druidas y que estos estuvieran en posesión de secreto alguno. Sin embargo, el manuscrito lo contradecía todo. Los íberos en realidad fueron un pueblo fecundo, unido a la naturaleza y conocedores de la Luz. Aquellos druidas ibéricos se dejaron aniquilar por el glorioso imperio romano antes que presentar batalla. Y contra todo pronóstico lo que parecía una derrota histórica emergía ahora como un auténtico legado en piedras que estaba despertando nuevamente para guiarnos con su luz.

Frente a mi en la segunda página emergía el dragón de la Luz enraizado con un árbol y que nuevamente estaba despertando. Yo, humilde humano, un ser insignificante del Universo, tenía en mis manos por azar su secreto. No podía ser más que uno de estas jugarretas del destino. Yo simplemente quería seguir siendo lo que soy, un pequeño ser humano, algo desobediente con las injusticias, preocupado por el cambio climático y con bombillas de bajo consumo y perlizadores en los grifos de mi pequeño estudio, generoso con mi entorno y preocupado para ser un buen colega y poco más. Yo, un vicioso del divorcio, que por eso han sido tres veces, un asalariado sin aspiraciones a magnate, alguien que simplemente intenta en su día a día repartir alegría. Y sin embargo, tras cada lectura me parecía que estaba siendo presa del mismo secreto.

El índice del manuscrito eran las etapas de alguien que narra un viaje vital. De algo no había duda, NO era un manual de autoayuda, ni nada parecido y sin embargo legaba una experiencia personal transformadora para el autor y que quería compartir. Este manuscrito no era un método de nada pero contenía el método para un mayor estado de conciencia.

El manuscrito que había hallado era un mensaje de esperanza, un mensaje de presente, pero asentado en una tradición milenaria que había sido capaz de sobrevivir y a la que el autor del mismo dejaba en testimonio para iluminarse. Pero tenía mis dudas. Una vez un colega loco por las cocinas y otros cacharros solares me invitó a poner dinero en un proyecto solidario para llevar linternas solares a los damnificados de un terrible terremoto. Eran unas linternas de LEDs con minipaneles fotovoltaicos y dinamos, etc. eso sí fabricados en China y de bajo coste que había adquirido en una gran superficie transnacional. No sobrevivieron ni un año y luego volvieron a quedarse sin luz pero con un residuo tóxico que antes no tenían. Esta y otras experiencias me interrogaban sobre el desapego material y la importancia de solucionar los problemas por la toma de conciencia espiritual, aunque, sinceramente, era apóstata. Me sorprendía que el objetivo del manuscrito no era para nada ni apocalíptico ni predicaba nada. Tan sólo divulgaba algo que ha estado siempre frente a nuestras narices. Esta era la maravilla del texto y lo que me impedía que siguiera olvidado.
“Mi único propósito es que todos los lectores reconozcan en sus vidas sus propios mensajes, que resuenen con las vivencias narradas y que puedan iniciar su gradual ir de vigilia en vigilia, siempre orando en el secreto de un corazón ardiente, para así, despertar gradualmente y morir a lo efímero”.

Frente a esta contundente introducción que remataba casi con una amenaza “Los valientes y puros de corazón, serán los que heredarán los secretos de la luz”, uno quedaba indefenso. Casi no sabía si pasar página. Yo las había releído e intentaba buscarle la moraleja al libro, cuando en realidad era quizás la revelación que contenía el propósito. No un propósito dogmático, sino el de alguien que humildemente ofrecía su testimonio.

Si hay una película que me impresionó de jovencito fue 2001 Una odisea en el espacio. No voy aquí a recordar con pormenores el viaje entre la Tierra y la Luna al ritmo del Danubio Azul, ni tampoco el homínido golpeando con un hueso los cadáveres de animales muertos al compás del preludio de la opera Así habló Zaratrustra de Richard Strauss y que al lanzarlo al aire acaba fundiéndose con el movimiento de una nave espacial.

La verdad es que cuando se estrenó en 1968 yo no había nacido, así que fue muchos años más tarde. Pero lo que no entendí para nada en la película fue el final, hasta que años más tarde me leí la obra de Arthur Clarke. En la introducción del libro se reseñaban las explicaciones del director de film, Stanley Kubrik publicadas en la revista “Positif” (diciembre 1968-enero 1969). Sus palabras me permitieron, sin iniciar la lectura del texto de Clarke, comprender el final y el propósito del film con toda claridad. Cuando el astronauta David Bowman abandona la nave Discovery para dirigirse hacia el imponente monolito con las proporciones 1:4:9 (los cuadrados de los tres primeros números enteros) situado en órbita de Júpiter, lanza el mensaje más inquietante que los técnicos del Control de la Misión a mil quinientos millones de kilómetros no habrían de olvidar jamás en el futuro:

“—El objeto es hueco...y sigue y sigue...y oh, Dios mío: está lleno de estrellas!

La Puerta de las Estrellas se abrió y se tragó la cápsula del astronauta. Tras un viaje en el que “no sólo era el espacio, se percató de súbito, lo que participaba en lo que le estaba sucediendo”...

¿Dónde estoy, en nombre de Dios?, se preguntó Bowman; ... Parecía como si el Espacio se
hubiese vuelto de dentro afuera: aquél no era un lugar para el hombre”.

Uno piensa que el cine, es pura ficción y se lo mira desde la butaca con cierta tranquilidad. Lo que no podía imaginar es que en el manuscrito de El Secreto de la Luz su autor y su mujer son capaces de tener experiencias en el límite de lo sensorial y llegar hasta momentos de la historia pasada y de los confines del Universo al que ninguna nave estelar jamás ha llegado, más que en los filmes de ciencia ficción.

Esta visión de poder viajar por el Universo, tanto a través de su dimensión espacio como del tiempo, es algo que los Druidas y su conocimiento de la Luz les permitía y así se evidencia en el manuscrito. Frente a estas capacidades cualquiera se queda con la duda razonable de que sea posible. A continuación, se piensa que no está al alcance más que de seres especiales. Sin embargo, el autor del manuscrito se describe como una persona que no tiene nada de especial más que su convicción de décadas trabajando la voluntad. La obra, precisamente, empieza con un apunte biográfico más que sincero y simple.

El manuscrito me dejaba a veces sin aliento, por ejemplo, con la explícita experiencia de su mujer frente a un árbol..... ¿He sido yo alguien más que lo que ahora soy? Entrábamos en el terreno siempre escurridizo de las religiones, de las reencarnaciones, etc. Lo reconozco me superaba. Yo era apóstata oficial para el catolicismo porque tengo la firme convicción que nuestra tarea para amar todo lo que nos rodea no podía ser un caramelillo para acceder al paraíso. Sinceramente, mi paraíso está aquí, vivito y coleando, haciendo mi trabajo lo mejor posible y cuidando de mi entorno humano y terrícola. Quizás por esto me atraía el fondo del manuscrito. No se trataba de un panfleto religioso sino de divulgar las posibilidades que tenemos cuando estamos en Paz con nosotros mismos y con el Universo.

Frente a mi tenia un regalo, más que un secreto, al que podía acceder con tan solo observar las fuentes del mismo. Fuentes para nada difíciles de encontrar, nada de buscar el Arca de la Alianza perdida, sino todo lo contrario, algo sencillo, de lo que el manuscrito no escatimaba detalles. Me bastó teclear algunas letras en un buscador de la red para certificar lo que el manuscrito apuntaba. El reto era si podía tener la valentía de acercarme o simplemente, quedarme en el cómodo papel de lector. El azar me había puesto un manuscrito en medio de mi negocio librero. Mi curiosidad evolucionaba hacia el respeto.

Esas fuerzas poderosas a mí, sinceramente, siempre me han acongojado. En realidad, fue con la Guerra de las Galaxias de George Lucas que me pareció que había que ir con mucho tiento al subir en el conocimiento de la Luz. El maestro Yoda, en el episodio El imperio contraataca advierte a Luke Skywalker que ser un Jedai requiere un notable temple para no caer en el lado oscuro de la Fuerza. La indignación, la rabia o el odio conducen al lado oscuro de la Fuerza. Lo que el pobre protagonista no podía comprender en aquel momento es que quizás se encontraría con la situación en la cual el odio puede ser más poderoso que la paz y el amor. De hecho en el episodio La venganza de los Sith, se muestra precisamente como es el odio al ver morir a su amada Amidala lo que convierte al joven Anakin Skywalker en Darth Vader. Y en aquel momento, entonces, el paso de ser garante de lo bueno se convierte en el pasaporte para ser líder del Imperio del mal. En realidad, Darth Vader, que además fue Jedai en su día, abrazó el lado oscuro de la Fuera por falta de temple, por no haber terminado su formación espiritual. La luz y la oscuridad son una dualidad en la que a penas la separación es perceptible.

A pesar de todas mis dudas, el manuscrito confirma también que los poseedores de conocimientos espirituales elevados pueden utilizarlos para sus propósitos personales y llevar a la perdición a sus pupilos si no han trabajado su propia parte oscura. Sin embargo, una cosa era cierta al leer el manuscrito. Los espíritus de los árboles, poseedores de la Luz, siempre eran buenos. Era todo un alivio.

El 11 de agosto de 1999 en el pueblo normando de Fecamp, entre las 12,20 h y las 12,22 h, el sol se eclipsaría de forma total. El silencio se instalaría y la oscuridad reinaría sobre el día. Para más inri se advertía que era el último eclipse del milenio, que el próximo no sería hasta el 2081 en Francia. A las 11 h seguía lloviendo débil pero tenazmente, lo mismo que a las 11,45. A las 12 h no llovía, pero el cielo seguía encapotado. El océano estaba tranquilo, como una balsa de aceite. A las 12,02 h como por arte de magia se abrió algún claro en el lejano horizonte oeste. Habíamos adquirido en el pueblo las lentes protectoras recomendadas y pensé que debía irlas a buscar a la furgoneta. A las 12,05 una brisa suave proveniente del oeste dejó un claro luciendo el sol eclipsado casi totalmente. En los siguientes minutos el cielo fue abriéndose y a las 12,20 h contra todo pronóstico el cielo azul antes brillante se oscureció, las gaviotas se posaron y yo me puse las gafas especiales para el evento. Quise tomar unas fotos, pero aquello era demasiado acongojante como para ponerse a sacar unos fotogramas en una instamátic. Fueron sólo dos minutos, tan cortos como eternos. Dos minutos de silencio sepulcral en pleno mediodía envueltos por una extraña sombra que bañaba a todo el gentío que estaba agolpado sobre el acantilado. A las 12,23 la luz recobró lentamente su normalidad. La gente aplaudió y yo con cara de póquer seguía ensimismado todavía en la oscuridad efímera que ya quedaba atrás.

Aquel 11 de agosto de 1999 sentí por unos instantes como si muriera para luego renacer. Fue casi como una metáfora para sentir que necesitamos ponernos frente a la oscuridad para saber apreciar mejor la luz. Los sentimientos de aquel eclipse total de sol ahora renacían frente al manuscrito. Unas pocas páginas que invitaban a que sometiéramos a nuestro corazón a un eclipse total para a continuación apreciar mejor qué debemos forjar el corazón.
Algo me puso en la duda razonable a la que a veces apelaba mi abogada particular de entonces, María, cuando se quedaba paralizada. Quizás sí que el Sol es suficientemente poderoso ¿y si su fuerza fuera el secreto mejor guardado de nuestro planeta?.
No podía creerlo, pero alguien estaba enseñando el secreto de la luz, el arte de nutrirse con el sol. Tenía en mis manos conseguir aumentar mi nivel de salud física, psíquica, vital y emocional con esta herramienta. ¿Quién no desea algo tan valioso?. Algo había en el manuscrito que me llamaba a mi, pequeño hombre de esposas varias, trabajador asalariado sin pena ni gloria, ¿por dónde empezar?.

Los druidas íberos lo sabían, según concluía el manuscrito hacía casi cinco mil años y por ello optaron por inmolarse antes que tomar las armas frente al bárbaro invasor. Sabían que el conocimiento nunca muere y que éste no se defiende con las armas, que la codicia es efímera aunque se mida en siglos, pero que nadie se lleva más allá de la tumba. Y dos lustros más tarde, el manuscrito lo dejaba claro. A mi, puro observador del poder de la oscuridad en plena luz, unos druidas de mi estirpe me lo recordaban. El recuerdo de aquel eclipse, el último del milenio, me interpelaba.

Algo me decía que nadie en su sano juicio se pasa 30 años, como atestiguaba el autor del manuscrito, como para concluir que el secreto mejor guardado de este planeta está en el Sol. No podía ser ni tan fácil ni tan accesible. O quizás sí, y si fuera así, ¿porqué llevaba una dieta mediterránea saludable cuando con el Sol podía tener bastante para ser eterno? Como sucede con cualquier camino, el destino no es lo importante, sino sólo el pequeño caminar.

Confieso que soy un fanático del cine documental de la naturaleza. De la mano de equipos multidisciplinarios hemos podido viajar por todos los confines del planeta sin mojarnos o sentir gota del frío helado. Este trabajo monumental por acercarnos el esplendor de la naturaleza en estado virgen de la que todavía queda merece el mayor de los aplausos. Nunca podremos agradecerlo. Por eso no me pierdo ningún filme de estas características. Uno de los últimos, Tierra de Alastair Fothergill (2007) calificada por un periódico como “la declaración de amor a nuestro planeta más bella y sobrecogedora jamás filmada”.

Tierra no sólo es un canto a la belleza de nuestro planeta es, sobretodo, un recordatorio de la delicada fragilidad del lugar donde vivimos usando el Sol cómo guía. Es un documental que he visto decenas de veces sin cansarme. Pero de todas las escenas hay una que me cautiva especialmente por lo simbólico. Se trata de la migración de la grulla damisela. Esta magnífica ave con portentosas alas de cerca de 2 m de envergadura cada año atraviesa el Himalaya desde China para reposar en el plácido invierno de las planicies indias. Pero para este viaje debe superar la cordillera más alta del planeta, el techo del mundo, ascendiendo a los ocho mil metros. El equipo de filmación contó con la ayuda de expertos pilotos para seguirlas en este épico vuelo. El viaje empieza a primera hora de la mañana con el sol naciente y deben remontar gastando el mínimo de energía para superar esta colosal barrera montañosa del Himalaya. En el primer intento cuando están casi a punto de superar el reto un viento huracanado soplando de la vertiente India les obliga a regresar nuevamente al lugar de partida. Lo consiguen en el segundo intento al día siguiente. Uno ve a las majestuosas aves graznando y sufriendo, incapaces de hacer frente a los imponderables frente a la naturaleza indómita, pero guiadas por sus instintos atesorados durante milenios. La retirada del primer intento no es una derrota sino un signo de inteligencia sublime. Habrá otra oportunidad, aunque no para todas pues algunas perecerán en el intento.

El manuscrito era un viaje para superar una barrera mayor que la de la gran cordillera del Himalaya para el peregrinaje anual de las grullas damisela. Me imaginaba que en el primer intento también caería exhausto. Demasiadas verdades, demasiadas evidencias, demasiados secretos que afrontar. Uno no puede cambiar su vida en una sola oportunidad. Algo me decía que, sin embargo, este viaje podía tener sentido no abandonarlo. Descubrir los propios orígenes, que no somos los primeros en realizarlo, como las grullas damisela. Que gozamos de las habilidades para poder realizar este viaje puesto que nuestros genes llevan la Luz y todas sus herramientas impregnadas en el ADN humano. El secreto, al final, quizás no sea más que una radiante verdad a la que abrazar. Una propuesta que nos exige sacar lo mejor de nuestro interior y no escatimar esfuerzos para conseguirlo, pues el final de este viaje, como el vuelo de las esforzadas grullas, nos lleve a una tierra para una existencia pacífica con nuestros semejantes y nuestros acompañantes del reino animal y vegetal.

El legado de los druidas ibéricos, la sabiduría de los pueblos indígenas contemporáneos, todo conformaba una sola unidad. Bastaba escuchar su llamada directa al corazón. No era fácil, pero se me antojaba un viaje al que abrazar. Todo llega a su fin. Forma parte de la propia condición vital. Nacer, crecer en conciencia y morir para nuevamente renacer no en ningún paraíso lleno de cocoteros y mujeres o hombres hermosos, sino en el que nos fundimos con los elementales del Universo. La vida, con El Secreto de la Luz, cobraba otro sentido. Yo sentía que no podía simplemente dejarlo para mañana. Tenía que ser hoy poder facilitar su conocimiento. No para obligar a nadie a seguirlo, sino, para simplemente que no tuviéramos excusa de que no lo supimos.

Evidentemente, no era el primero ni mucho menos en descubrirlo. Por delante de mí otras culturas lo atestiguaban. El manuscrito simplemente lo recordaba: debemos conectarnos con la Tierra y los árboles y sobretodo el Sol, su luz es el conector universal, el USB tan largamente soñado por miles de generaciones antes y como no, ahora.

Todo llega a su fin. Y al final del viaje uno puede preguntarse si éste valió la pena. El vuelo de las grullas era tan sólo esta metáfora. Y valió la pena, porque nos daba alas para un nuevo viaje y de este modo seguir siendo lo que somos, seres humanos con buen corazón. Nos dicen que los seres humanos somos malos por naturaleza, que no somos creativos, que avanzamos siempre hacia el precipicio. Pero no es verdad, esta era la esencia de El Secreto de la Luz que me había hallado a mi.

El manuscrito tenía las llaves para una nueva vida. De Einstein recopilaba la frase “la única cosa realmente valiosa es la intuición”. Y la intuición me decía que no podía quedar al margen de la historia. Que debía ser protagonista, no para ser una estrella más en un firmamento vacío, sino para ser mi propio maestro en estos caminos insondables que el Universo sabio nos pone enfrente, si queremos olerlo. Mi vida, en realidad, se ha construido sin saberlo con el hemisferio derecho del cerebro. Era el momento de salir del armario y dejar testimonio de que tenemos el conocimiento interior para abrazar una nueva forma de convivencia con nuestros semejantes y con nuestro planeta. No es difícil. Basta con una vida simple, con dedicar nuestro tiempo a cuidar nuestro entorno sin condiciones y poner el corazón por delante, siempre.

El manuscrito da testimonio de la ley del corazón valiente. Un corazón firme y valiente heredero de los druidas, los egipcios y los mayas entre otros tantos ancestros y actuales. Pero la historia la escribimos cada uno de nosotros con nuestra cotidianidad llena de amor consciente. Esta era la moraleja del manuscrito a mi entender, aunque quizás había otras, pero estas y cada una de las lecturas posibles le corresponde al lector descubrirlas. Y sea cual sea, cuando así sea, pasa a la acción. Éste es nuestro tiempo, el de la ley del corazón valiente.

Jordi Miralles
biólogo, presidente de la Fundación Tierra

 

INTRODUCCIÓN

Ya desde joven me interesaban los libros “diferentes”, cualquier tema alternativo era interesante para mí, las pirámides, los ovnis, los extraterrestres, lo esotérico, siempre explicaba mis nuevos descubrimientos a mis amigos, que por supuesto se reían a gusto y daba pie a bromas de todo tipo. No me importaba en absoluto, yo seguía en mi línea, impertérrito.

Al mismo tiempo era un buen estudiante y me formaba en el más puro racionalismo de nuestra sociedad. Estudié y acabé con buenas notas Ingeniería Industrial y empecé a trabajar en una empresa punta de informática durante 10 años, diseñando, programando e instalando todo tipo de programas en las empresas más importantes de aquella época.

Paralelamente me formé en escuelas de tipo esotérico y practiqué sus enseñanzas con toda la intensidad de la que fui capaz en esa época. Ahora 30 años después entiendo que lo que realmente estaba haciendo era formar los dos hemisferios cerebrales simultáneamente, el izquierdo con toda la información racional de nuestra sociedad y el derecho con toda la información intuitiva, aunque en esa época no era consciente de ello y me faltaba unir esos dos tipos de información de forma holística pero para ello, y eso lo sé ahora, necesitaba vivir muy intensamente.

Me casé, tuve dos hijos, trabajé duramente en la empresa de informática para pagar la hipoteca de nuestra casa y nos relacionábamos con amigos del trabajo, amigos de mi infancia, amigos de las escuelas esotéricas y nuestras respectivas familias, con 13 miembros cada una de ellas. La intensidad de las relaciones y la complejidad de todo ello fue poco a poco uniendo el entramado de los dos cerebros, el racional y el intuitivo, para que estuviera preparado para comprender e integrar las experiencias que tenían que venir a mi vida.

En cada capítulo del libro explico las experiencias que me han ido formando en esos 30 años de aprendizaje y que me permiten reconocer alguno de los secretos que siempre han estado delante de nuestras narices pero que nos es imposible ver porque no tenemos ojos para verlos.

“¡Ay! ¡Hombre de linaje Maya!
Hazte ojos para ver, oídos para oír, ábrelos, escucha y despierta para poder también morir.
¡Morir íntegramente de una sola vez!”

Algunos buscan un manual para iluminarse rápido y seguro. Esto no es posible. Hay que pasar por la fragua encendida. Hay que templar el acero con el fuego, al rojo vivo, y pasar después de golpe al agua fría. Es así como poco a poco, con las circunstancias habituales de la vida, vamos comprendiendo y practicando los secretos que el Universo coloca a nuestro alcance. No es fácil enfrentarse a la oscuridad que tenemos dentro de nosotros.

Nuestra vanidad, orgullo, amor propio, etc., están siempre al acecho para aconsejarnos el camino de la izquierda, nuestro propio lado oscuro. Verlo y descubrirlo en nosotros mismos no es sencillo, ni fácil, siempre tendremos excusas de todo tipo. La sociedad que nos envuelve nos tienta continuamente de todas las formas posibles para que nos olvidemos, para que encontremos otros culpables. La realidad es que somos nosotros los verdaderos responsables de todo lo que nos ocurre, somos nosotros quienes atraemos lo que llevamos en nuestro interior. Si es paz, vendrá paz en nuestra vida, pero si hay guerra, eso es lo que tendremos, por más riquezas materiales que tengamos.

Las experiencias que narro a continuación sirven sólo para ilustrar esas partes oscuras que todos llevamos en nuestro interior. Estad atentos porque algunas de ellas serán rechazadas, ahí esta el mensaje para ti, otras serán ignoradas. Descúbrelo, acéptalo y trabájalo, porque los secretos de la luz sólo están al final del camino de quienes tengan su templo limpio y reluciente.

Mi único propósito es que todos los lectores reconozcan en sus vidas sus propios mensajes, que resuenen con las vivencias narradas y que puedan iniciar su gradual ir de vigilia en vigilia, siempre orando en el secreto de un corazón ardiente, para así, despertar gradualmente y morir a lo efímero.

Los valientes y puros de corazón, serán los que heredarán los secretos de la luz .....

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