El pasado 1 de marzo de 2019, físicos solares rusos anunciaron lo que lleva años sabíendose (y ocultándose) al hombre: se acerca una glaciación para el año 2030 provocada por la baja actividad solar.

Este hecho conocido como el mínimo de Gleissberg, ya se ha producido en anteriores fases de la historia: en el siglo XIII con una gran actividad solar que marcó la bonanza del medievo y la explosión del gótico, con temperaturas que subieron hasta 2 grados por encima de la media actual, y en la segunda parte del siglo XVII con un mínimo conocido como el mínimo de Maunder, con temperaturas 1,5 grados por debajo de la actual.

Se nos viene frío, digan lo que digan los académicos.

Es de sobras conocido que llevan años intentado pararlo (con geoingeniería). Los ensayos de manipulación climática se hacían abiertamente en los años 50, ya que aparecieron ampliamente publicados en la prensa de la época. Es de tonto y de ingenuo, pensar que si esto se hacía hace 70 años, no se esté haciendo hoy en dia en nuestra cara.

Lo que digo: los últimos en enterarse de estas cosas, serán los científicos académicos.

 

Físicos rusos han alertado de que la actividad electromagnética del Sol se ha mantenido muy débil en los últimos días y se encuentra por debajo del umbral de sensibilidad de los aparatos que monitorean su dinámica.

Un comunicado emitido este 1 de marzo por el Laboratorio de Astronomía Solar del Instituto de Física Lébedev de la Academia de Ciencias de Rusia no esconde la sorpresa de los expertos por lo ocurrido, e incluso califica de "imposible" lo que están observando en sus pantallas.

Los estudiosos confiesan que lo primero que se les ocurrió fue preguntarse si "las pantallas satelitales funcionaban correctamente". Pero tras comprobarlo han constatado que los aparatos científicos funcionan "sin fallos, pero ha ocurrido algo 'imposible': el nivel de la radiación solar en onda corta ha disminuido en unas 100 veces y cayó por debajo del umbral de sensibilidad de los dispositivos".

Fulguraciones solares al nivel 0

1953-2019 Laboratory of X-ray astronomy of the Sun, Lebedev Institute, Russia

La radiación de onda corta ("Roentgen suave", según el comunicado) solo se forma durante procesos activos como las llamaradas solares, explican los físicos. Si observan un crecimiento rápido de la radiación en los datos del monitoreo, eso significa que se produjo una fulguración en alguna región de nuestro astro.

Mientras tanto, el Sol actualmente "se está deshaciendo no solo de la actividad a gran escala, sino que también de la actividad a pequeña escala". La amplitud de las llamaradas "micro y nano" ha disminuido y ahora es decenas de veces inferior.

1953-2019 Laboratory of X-ray astronomy of the Sun, Lebedev Institute, Russia

Eso sucedió "de manera bastante inesperada", puesto que hace unos meses "hubo augurios del comienzo de un nuevo ciclo" de actividad, admiten los investigadores. Sin embargo, en lugar de un rápido crecimiento de la amplitud de fulguraciones, "nuestra estrella se hundió aún más" respecto a los índices mínimos registrados hasta ahora.

Los físicos rusos no se atreven a pronosticar si el astro va a salir de sus niveles mínimos de actividad en los próximos meses o si, al contrario, el "invierno solar" durará un tiempo indeterminado.